viernes, 8 de abril de 2016

RUBIAS



Algunos piensan que tu defecto es la frialdad. Cuestión de gustos: para mí es la mejor de tus virtudes. Mi calor corporal encuentra así el contraste necesario para llegar a la más profunda de las satisfacciones. Digo yo que bastante tibieza tiene la vida para tener que cargar con placeres templados y hasta tibios, que ya dijo alguien que a los tibios los expulsaría de su lado y yo añadiría a las tibias, que en mi religión no caben de ninguna manera. El color de tu piel también tiene opiniones para todos los gustos, que hay defensores de la tez morena y hasta acérrimos seguidores de cuerpos negros embutidos en anchuras estriadas a las que sólo les hace falta un asa. Un exceso, vamos. De negrura y de peso. Porque yo te deseo así, bien rubia, sin mácula ni lunares, casi transparente, con ese aire de frialdad nórdica que tanto gusta en estos lares. Transparente de piel y de vestimenta, sin intermediarios, sin vestidos chillones que te desvirtúen, con leves veladuras que permitan ver la belleza de tu desnudez en toda su integridad. Así, así. Todo tu cuerpo en mis manos y tú completamente ofrecida a mis deseos. Ya sabes que me gusta poseerte la primera vez de forma rápida, pasional, casi irracionalmente. Sabes que de pie es como más me gusta, entra mucho mejor. Si acaso, apoyado sobre una barra. Creo llegar al primero de los orgasmos cuando te he poseído por completo, sin paladearte, un solo cuerpo, una sola persona. Tú en mí y yo en ti, con rapidez, con la humedad de leves restos de espumas blancas sobre mis satisfechos labios. Siempre habrá tiempo para más. Aunque la segunda vez procuraré saborearte. Al principio con una acometida fuerte, para que sepas dónde estoy. Luego entrecortadamente, poco a poco, hasta llegar al momento final, ese sorbo de placer que satisface y que aviva deseos. Porque no habrá dos sin tres, porque tú siempre estás dispuesta a la repetición y yo me haré poco de rogar en esta orgía compartida. No me cabe duda de que en reunión sabes mejor. Y tú no te cortas en absoluto. Quizás en el tercero llegue el ritmo pausado, el paladeo e, incluso, una leve sensación de hartazgo. El final me dirá que no. Que los dos queremos repetir. Que no hay fin para el placer. Que nuestros cuerpos aguantan. Que como las rubias no hay ningunas...
         ¡Vamo a echá la penúltima!