viernes, 23 de enero de 2015

El Río de la Plata por Humberto G





Supongo que la idea me había rondado desde hacía tiempo pero sólo se me hizo patente en ese instante: si mi motivación sexual consiste en mirarla a ella, dado que ella cierra los ojos, ¿en qué piensa en ese período atemporal? ¿Dónde encuentra su motivación si no es en lo que puede ver?
-¿En qué piensas mientras follamos?
Había estado ensimismada mirándose las uñas y a los transeúntes. Levantó la cabeza y me miró espantada, pero de forma teatral.
-En qué voy a pensar. En lo que hacemos.
-Entonces, ¿por qué cierras los ojos?
Se me ocurrió que me había precipitado. No sabía si quería indagar más.  Ella clavó los ojos en mí y supe que por su cabeza pasaban ideas que no estaba segura de querer compartir conmigo. Tuve que poner la misma cara de no saber si hablar o no, porque sonrió.
-¿En qué piensas tú? –me dijo, seguro que para ganar tiempo.
-Me gusta ver la cara que pones. De cualquier manera, la visión del desnudo femenino me basta. Desde siempre. ¿Y tú?
-Yo pienso en vos.
-Entonces por qué cierras los ojos. Si me puedes mirar en carne y hueso, por qué imaginarme…
-Mira, es verdad, no siempre pienso en vos. Es absurdo jugar a este juego. No es nada malo. No creo serte infiel por pensar en cositas. Algunas veces tengo fantasías digamos… fantasías externas a nuestro propio acto… ¿Entendés?
-Ya veo. Y, dime, ¿qué clase de fantasías?
-Ay, pues no sé chico en muchas cosas… seguro que vos también tenés… quitad esa cara que no conseguirés que me sienta mal.
-Quito la cara si me cuentas una de esas fantasías.
-Nunca.
-Si me cuentas una de esas fantasías, prometo olvidar toda la conversación y no hacer nunca jamás alusión a ella ni directa ni indirectamente.
Se quedó pensando. Le brillaban los ojos.
-Bueno. ¿Sabés una situación que nunca falla, una que me hace sentir entre mis piernas el Río de la Plata?
-Cuéntamelo.
-Pues que estoy en un parque y un tipo viejo, feo y gordo me empieza a meter mano. Y yo me dejo… me mete la mano por debajo de la pollera ansioso… y por la blusa y me magrea toda… yo no hago nada, él lo hace todo con esas manazas enormes… eso me pone a cien.

Me lo contó y jamás fui el mismo. Me lo contó y no cumplí mi promesa. Me lo contó y no puedo dejar de pensar en ello.